Dejas el equipaje y te acomodas en el asiento. El tren abandona la estación mientras el paisaje empieza a desfilar tras la ventanilla y, casi sin darte cuenta, bajas el ritmo. Sacas ese libro que lleva semanas esperando, conversas, pides un café o simplemente dejas que la mirada se pierda al otro lado del cristal. Todavía faltan kilómetros para llegar, pero sientes que las vacaciones ya han comenzado.
Por qué cada vez más viajeros eligen el tren para descubrir España
